jueves, 24 de octubre de 2013

E N S A Y O: CRISIS Y EDUCACIÓN EN VALORES


CRISIS Y EDUCACIÓN EN VALORES

El proceso formativo de las personas siempre ha estado ligado a valores. La educación es un quehacer optimizador del ser humano y, por esto, involucra necesariamente una vinculación con el ámbito axiológico.

La crisis de valores en el Perú: delincuencia, drogadicción, prostitución, violencia familiar, entre otros; es una verdad que todos conocemos, hoy en día no estamos seguros si nos consterna o no, pero es una verdad que lastima, que no puede esperar y lo que es peor aún, no puede ser resuelta por manos externas, sino por autoridades altruistas y por una juventud que conozca el verdadero valor de una vida humana.

La crisis de valores en el Perú es un problema que nos afecta a todos; en la actualidad, aún ni siquiera podemos llamarla por su nombre, pues sabiendo que requiere de un esfuerzo especial y esmerado para poder superarla, no nos atrevemos a cambiar nada porque sabemos que se necesita de mucha valentía, pero sobretodo de un compromiso firme para poder afrontarla. Necesitamos una sociedad forjada en valores más humanos, pues con el pasar del tiempo los jóvenes se vuelven más fríos, ciegos e insensibles ante el dolor ajeno, y lo que es peor, las deficiencias sociales se pulen en ellos.

Nuestra actual crisis de valores no es más que expresión desgarradora y dolorosa de una desorientación universal, que se muestra en la fractura de una nación que jamás ha logrado la conciliación étnica, social, económica y política; donde a diario somos testigos cómo muchas de nuestras autoridades están involucradas en actos de corrupción, la mayoría de conductores no respetan las reglas de tránsito; muchos jueces, fiscales y policías corruptos, etc.

Al observar alrededor nuestro, encontramos una gran carencia de calidad moral, respeto, honestidad, identidad nacional, etc. Y hallamos corrupción, violencia, mentira, venganza, calumnia, frivolidad, discriminación racial, etc.

Al intentar expresar soluciones a la crisis de valores en el Perú, que aparenta haberse convertido en un anacronismo constante, y al intentar desarrollar una cruzada de valores para contribuir a la reconstrucción de la nación, nos preguntamos igualmente, cómo hacerlo y evitar al mismo tiempo que esta cruzada sufra el destino de tantas otras desarrolladas en el país, a las cuales todos consienten, de razón o de corazón, pero que jamás se ven traducidas en actitudes éticas y accione concretas.

¿Cómo convencer a los estudiantes, al Estado, a la empresa, al ciudadano, a los medios, a la política, de actuar y concebir el futuro en torno a unos principios éticos mínimos, que están tan ausentes de la vida nacional y que amenazan nuestra propia existencia como país, siendo la base de una crisis de valores realmente estructural, de base?

Por supuesto, supone también lograr que esta cruzada, trascienda del impacto público hacia la reflexión objetiva, que debe traducirse finalmente en una actitud ética, definida, en una tarea incondicional asumida por todos estos actores, respecto del futuro del país.

Los valores son construcciones humanas, adquiridos a través del proceso socializador del grupo al que se pertenece (familiar, educativo, religioso, político, laboral, entre otros); pues el viviente humano en su variada vida de relación, los aprende de personas que le son significativas. En este ensayo, quiero destacar la importancia del proceso educativo, mediador esencial para la difusión de los valores; así cómo y para qué educar en valores, bajo una dirección teleológica, tendente a humanizarnos más como personas, en aras de una humanidad más solidaria.

Es necesario que los sectores de mayor poder, se incorporen a un proceso de reflexión ética con miras a implantar conductas que ayuden a superar la crisis de valores, y la cruzada o campaña, debe abrir o procurar horizontes concretos, asibles, novedosos, para la aplicación concreta de prácticas éticas que evidencien procesos de transformación a partir de estos valores puestos en acción.

No se trata de hablar de reglas de conducta, solamente. Antes de plantear reglas de conducta y comportamientos, debemos hablar de estos principios. Una cruzada de valores entonces, sea en sus dimensiones educativa, comunicativa y política, debe permitir traducir estos principios y los acuerdos para llevarlos a la acción concreta, por medio de nuevos contratos éticos y sociales, donde sí se forjarán algunas pocas pero muy significativas reglas de conducta y actuación, que nos ayudarán a medir el impacto de la campaña, desde la perspectiva social y humana.

Al hablar de valores como un programa de acción, estamos hablando de la construcción de una ética para el futuro y no ensimismada en el presente, en las coyunturas.

La crisis de valores se expresa en la vida cotidiana de la gente y por lo tanto, es fácilmente apreciable, medible y entendible: la crisis de valores se vive a todo nivel, por lo que todos, TODOS, somos llamados a reflexionar y actuar para modificar este estado de cosas. El robo, la coima, la discriminación, el chantaje, el asesinato, la corrupción, el abuso de autoridad, la violencia sexual, se han convertido en praxis nacional, se ejerce por encima de toda ley y la justicia no existe para la gran mayoría. Nadie está libre del impacto de estos antivalores, de la carencia de principios éticos; pero al mismo tiempo, ningún estrato social, económico, político o cultural, está libre de ser un generador de estos antivalores. Somos víctimas de nosotros mismos en todos los casos posibles en los que podamos percibir o sufrir estos antivalores.

Además de contar con esta rica y frondosa realidad cotidiana para demostrarnos a todos que la crisis de valores es real y que se manifiesta y está presente en la sociedad, por lo tanto, propiciar una cruzada de valores debe sustentarse claramente en esta misma realidad cotidiana para plantear su antítesis.

Aquí, se inicia un importante proceso de comprobación de una hipótesis de trabajo: a mayor crisis de valores, mayor exclusión. Por otro lado, tomar estos referentes de conocimiento, nos llevarán a la conclusión que el fenómeno de la crisis de valores, no es reciente, sino que pertenece en verdad a la estructura de nuestra nación, de nuestros orígenes, pero que está alcanzando puntos álgidos, de clímax, en estos tiempos. Pero esta crisis estructural, “silenciosa”, ha alcanzado límites intolerables que impiden la vida en sociedad, carente de principios y por ende, de reglas aceptadas en común, con lo cual se desintegra el estado de bienestar, la justicia social, y la posibilidad del desarrollo social, aun cuando haya evidencia de crecimiento económico.

El crecimiento económico que se implanta en una sociedad carente de principios éticos que rigen su vida social, sin valores éticos, es una sociedad que acumula riqueza sin sentido ético (vale decir sin redistribución, sin inclusión, sin norte común, sin ética de desarrollo).

En ese sentido, tomar ejemplos concretos guías tales como:

·         La pérdida del sentido del valor de la vida humana;

·         La pérdida del sentido del valor de una vida humana digna;

·         La pérdida del sentido del respeto de los derechos del otro y de las obligaciones de uno;

·         La pérdida del sentido de la misericordia, la solidaridad, la clemencia, la libertad, etc.

A partir de estos hechos sociales concretos, podemos construir por desviación positiva (es básicamente lo que intentan todos los premios y reconocimientos públicos de valores) qué es lo que queremos construir como sociedad ética, como sociedad de valores.

Sobre el origen de estas crisis de valores, podemos tomar en cuenta ciertos aspectos claves, como por ejemplo que siempre sentimos con más fuerza una crisis de los valores de la sociedad, cuando aparece un “nuevo” orden de cosas que intenta sustituir al “viejo” orden; este proceso, ciertamente, ha sido vertiginoso en los últimos cincuenta años en nuestro país, respondiendo a esferas de cambio planetario: el mundo ha cambiado en medio siglo, más que todos los cambios que podamos sistematizar en los cuatrocientos cincuenta años precedentes; de otro lado, en el Perú específicamente, se ha venido produciendo una crisis de valores desde que se ha dado el choque entre las culturas occidental y andina, cierto que hay muchísimo escrito sobre ello, pero no es ajeno a todos nosotros, que gran parte de la violencia estructural de los últimos treinta años, se ha producido en Perú a partir de este choque cultural, económico, social y político, a partir de la sociedad andina contra la cosmopolita y central de la costa, especialmente de Lima.

Es a partir de este análisis que se diseña una propuesta denominada el valor del cambio, con varias interpretaciones para su aplicación:

EL valor del cambio: los seres humanos, las familias, desarrollamos toda una cultura social en torno a un valor o un conjunto de valores, que terminan siendo un distintivo, una marca de valor en nuestras vidas, la campaña buscará descubrir cuál es ese valor que cada  familia, cada individuo, lleva como un estandarte en su vida.

El valor del cambio: cambiar, transformar, requiere de fortalezas, de coraje, de ganas de llevar adelante la vida por nuevos senderos. Cambiar requiere tener valor, pasar de una cultura de violencia y conflicto a una cultura de paz, a una cultura de tolerancia, requiere acciones decididas, colectivas, requiere una mirada profunda hacia el futuro. La campaña y sus estrategias buscan promover que las personas asuman con valor, su propia transformación.
 
EUREKA 2013 

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