CRISIS
Y EDUCACIÓN EN VALORES
El proceso formativo de las personas siempre ha
estado ligado a valores. La educación es un quehacer optimizador del ser humano
y, por esto, involucra necesariamente una vinculación con el ámbito axiológico.
La crisis de valores en el
Perú: delincuencia, drogadicción, prostitución, violencia familiar, entre
otros; es una verdad que todos conocemos, hoy en día no estamos seguros si nos
consterna o no, pero es una verdad que lastima, que no puede esperar y lo que
es peor aún, no puede ser resuelta por manos externas, sino por autoridades
altruistas y por una juventud que conozca el verdadero valor de una vida
humana.
La crisis de valores en el
Perú es un problema que nos afecta a todos; en la actualidad, aún ni siquiera
podemos llamarla por su nombre, pues sabiendo que requiere de un esfuerzo
especial y esmerado para poder superarla, no nos atrevemos a cambiar nada
porque sabemos que se necesita de mucha valentía, pero sobretodo de un
compromiso firme para poder afrontarla. Necesitamos una sociedad forjada en valores
más humanos, pues con el pasar del tiempo los jóvenes se vuelven más fríos,
ciegos e insensibles ante el dolor ajeno, y lo que es peor, las deficiencias
sociales se pulen en ellos.
Nuestra actual crisis de valores no es más que expresión desgarradora
y dolorosa de una desorientación universal, que se muestra en la fractura de
una nación que jamás ha logrado la conciliación étnica, social, económica y
política; donde a diario somos testigos cómo muchas de nuestras autoridades
están involucradas en actos de corrupción, la mayoría de conductores no
respetan las reglas de tránsito; muchos jueces, fiscales y policías corruptos, etc.
Al observar alrededor nuestro,
encontramos una gran carencia de calidad moral, respeto, honestidad, identidad
nacional, etc. Y hallamos corrupción, violencia, mentira, venganza, calumnia,
frivolidad, discriminación racial, etc.
Al intentar expresar soluciones a la crisis de valores en
el Perú, que aparenta haberse convertido en un anacronismo constante, y al
intentar desarrollar una cruzada de valores para contribuir a la reconstrucción
de la nación, nos preguntamos igualmente, cómo hacerlo y evitar al mismo tiempo
que esta cruzada sufra el destino de tantas otras desarrolladas en el país, a
las cuales todos consienten, de razón o de corazón, pero que jamás se ven
traducidas en actitudes éticas y accione concretas.
¿Cómo convencer a los estudiantes, al Estado, a la
empresa, al ciudadano, a los medios, a la política, de actuar y concebir el
futuro en torno a unos principios éticos mínimos, que están tan ausentes de la
vida nacional y que amenazan nuestra propia existencia como país, siendo la
base de una crisis de valores realmente estructural, de base?
Por supuesto, supone también lograr que esta cruzada,
trascienda del impacto público hacia la reflexión objetiva, que debe traducirse
finalmente en una actitud ética, definida, en una tarea incondicional asumida
por todos estos actores, respecto del futuro del país.
Los
valores son construcciones humanas, adquiridos a través del proceso
socializador del grupo al que se pertenece (familiar, educativo, religioso,
político, laboral, entre otros); pues el viviente humano en su variada vida de
relación, los aprende de personas que le son significativas. En este ensayo, quiero
destacar la importancia del proceso educativo, mediador esencial para la
difusión de los valores; así cómo y para qué educar en valores, bajo una
dirección teleológica, tendente a humanizarnos más como personas, en aras de
una humanidad más solidaria.
Es necesario
que los sectores de mayor poder, se incorporen a un proceso de reflexión ética
con miras a implantar conductas que ayuden a superar la crisis de valores, y la
cruzada o campaña, debe abrir o procurar horizontes concretos, asibles,
novedosos, para la aplicación concreta de prácticas éticas que evidencien
procesos de transformación a partir de estos valores puestos en acción.
No se trata de
hablar de reglas de conducta, solamente. Antes de plantear reglas de conducta y
comportamientos, debemos hablar de estos principios. Una cruzada de valores
entonces, sea en sus dimensiones educativa, comunicativa y política, debe
permitir traducir estos principios y los acuerdos para llevarlos a la acción
concreta, por medio de nuevos contratos éticos y sociales, donde sí se forjarán
algunas pocas pero muy significativas reglas de conducta y actuación, que nos
ayudarán a medir el impacto de la campaña, desde la perspectiva social y
humana.
Al
hablar de valores como un programa de acción, estamos hablando de la
construcción de una ética para el futuro y no ensimismada en el presente, en
las coyunturas.
La crisis de valores se expresa en
la vida cotidiana de la gente y por lo tanto, es fácilmente apreciable, medible
y entendible: la crisis de valores se vive a todo nivel, por lo que todos, TODOS, somos llamados a reflexionar y
actuar para modificar este estado de cosas. El robo, la coima, la
discriminación, el chantaje, el asesinato, la corrupción, el abuso de
autoridad, la violencia sexual, se han convertido en praxis nacional, se ejerce
por encima de toda ley y la justicia no existe para la gran mayoría. Nadie está
libre del impacto de estos antivalores, de la carencia de principios éticos;
pero al mismo tiempo, ningún estrato social, económico, político o cultural,
está libre de ser un generador de estos antivalores. Somos víctimas de nosotros
mismos en todos los casos posibles en los que podamos percibir o sufrir estos
antivalores.
Además de
contar con esta rica y frondosa realidad cotidiana para demostrarnos a todos
que la crisis de valores es real y que se manifiesta y está presente en la
sociedad, por lo tanto, propiciar una cruzada de valores debe sustentarse
claramente en esta misma realidad cotidiana para plantear su antítesis.
Aquí, se inicia
un importante proceso de comprobación de una hipótesis de trabajo: a mayor
crisis de valores, mayor exclusión. Por otro lado, tomar estos referentes de
conocimiento, nos llevarán a la conclusión que el fenómeno de la crisis de
valores, no es reciente, sino que pertenece en verdad a la estructura de
nuestra nación, de nuestros orígenes, pero que está alcanzando puntos álgidos,
de clímax, en estos tiempos. Pero esta crisis estructural, “silenciosa”, ha
alcanzado límites intolerables que impiden la vida en sociedad, carente de
principios y por ende, de reglas aceptadas en común, con lo cual se desintegra
el estado de bienestar, la justicia social, y la posibilidad del desarrollo
social, aun cuando haya evidencia de crecimiento económico.
El
crecimiento económico que se implanta en una sociedad carente de principios
éticos que rigen su vida social, sin valores éticos, es una sociedad que
acumula riqueza sin sentido ético (vale decir sin redistribución, sin
inclusión, sin norte común, sin ética de desarrollo).
En ese sentido,
tomar ejemplos concretos guías tales como:
·
La pérdida del sentido
del valor de la vida humana;
·
La pérdida del sentido
del valor de una vida humana digna;
·
La pérdida del sentido
del respeto de los derechos del otro y de las obligaciones de uno;
·
La pérdida del sentido
de la misericordia, la solidaridad, la clemencia, la libertad, etc.
A partir de
estos hechos sociales concretos, podemos construir por desviación positiva (es
básicamente lo que intentan todos los premios y reconocimientos públicos de
valores) qué es lo que queremos construir como sociedad ética, como sociedad de
valores.
Sobre el origen
de estas crisis de valores, podemos tomar en cuenta ciertos aspectos claves,
como por ejemplo que siempre sentimos con más fuerza una crisis de los valores
de la sociedad, cuando aparece un “nuevo” orden de cosas que intenta sustituir
al “viejo” orden; este proceso, ciertamente, ha sido vertiginoso en los últimos
cincuenta años en nuestro país, respondiendo a esferas de cambio planetario: el
mundo ha cambiado en medio siglo, más que todos los cambios que podamos
sistematizar en los cuatrocientos cincuenta años precedentes; de otro lado, en el
Perú específicamente, se ha venido produciendo una crisis de valores desde que
se ha dado el choque entre las culturas occidental y andina, cierto que hay
muchísimo escrito sobre ello, pero no es ajeno a todos nosotros, que gran parte
de la violencia estructural de los últimos treinta años, se ha producido en
Perú a partir de este choque cultural, económico, social y político, a partir
de la sociedad andina contra la cosmopolita y central de la costa,
especialmente de Lima.
Es a partir de
este análisis que se diseña una propuesta denominada el valor del cambio, con
varias interpretaciones para su aplicación:
EL valor del cambio:
los seres humanos, las familias, desarrollamos toda una cultura social en torno
a un valor o un conjunto de valores, que terminan siendo un distintivo, una
marca de valor en nuestras vidas, la campaña buscará descubrir cuál es ese
valor que cada familia, cada individuo, lleva como un estandarte en su
vida.
El valor del
cambio: cambiar, transformar, requiere de fortalezas, de coraje, de ganas de
llevar adelante la vida por nuevos senderos. Cambiar requiere tener valor,
pasar de una cultura de violencia y conflicto a una cultura de paz, a una
cultura de tolerancia, requiere acciones decididas, colectivas, requiere una
mirada profunda hacia el futuro. La campaña y sus estrategias buscan promover
que las personas asuman con valor, su propia transformación.
EUREKA 2013
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