CULTURA
PROFESIONAL
Este
curso de complementación académica, para poder optar el grado de Doctor en
Educación en la Escuela de Posgrado de la Universidad Católica de Santa María,
nos ha llevado a reflexionar diferentes aspectos académicos, sobre el rol de la
universidad dentro del contexto actual, sobre el desarrollo humano, sobre la
ética y la moral entre otros temas sumamente importantes. Nuestra sociedad
actual, requiere que las profesiones se resitúen en un ámbito de la modernidad,
que vayan al ritmo de los cambios sociales, económicos, tecnológicos,
políticos, etc.
Las
profesiones, según el Marco del Buen Desempeño Docente 2012, son prácticas sociales que se configuran a partir de necesidades
específicas de una sociedad en un determinado momento histórico. Cumplen una
función social y poseen un saber específico sobre el que sus practicantes
tienen dominio. La importancia y prestigio de las profesiones y sus
practicantes están sujetos a las demandas y expectativas de los procesos
sociales y culturales que los contextúan.
De ahí
que las profesiones cambien en sus sentidos, su tecnología y su valor por
efecto de los procesos económicos, sociales y culturales que les demandan
adecuaciones, pero también por la misma actuación de sus propios practicantes
en una comunidad profesional.
Dada mi formación académica, quiero referirme
específicamente a la cultura profesional docente. En materia de balance, la práctica de la docencia ha estado
sujeta a un modelo de escuela que promovía una relación acrítica con el
conocimiento, propiciando una actitud y un pensamiento dogmáticos. Una escuela
en la que predominaba una cultura autoritaria sustentada en el ejercicio de la
violencia y de la obediencia, es decir, una disciplina heterónoma. Una escuela
ajena al mundo cultural de sus estudiantes y de las comunidades en las que
estaba inserta. La educación
actual requiere analizar el papel del profesor para reconocerlo como un
profesional, pero no en el sentido que le otorga “la sociología crítica”, sino
uno que asume una cultura profesional que le lleva a ser dinámico y deja de
lado ese papel conformista, antihistórico, descontextualizado y poco crítico
por el que se le reconoce desde hace muchos años.
No se trata de
reconocer al profesional como tal por el simple hecho de utilizar medios y
recursos que le lleven a tecnificar los procesos de intervención, esto implica
un cambio de forma pero no de fondo, lo que finalmente lleva a burocratizar la
enseñanza y a crear una especie de élite, la cual no se ocupa de buscar la
mejora del aprendizaje, sino de dar mayor valor al trabajo intelectual que al
manual.
Se hace
necesario saber que el concepto de profesión es de carácter ideológico surgido
de una cultura social autoritaria y que varía respecto al contexto en que se
utiliza. Lo profesional, por lo tanto está descontextualizado porque depende de
la sociedad en la que se inserta, especialmente la función docente, a la que se
le designa como: ocupación, vocación, organización, formación, orientación y
autonomía.
Esta
clasificación implica formación permanente por lo que un docente no es un
técnico, ya que requiere desarrollar sus cualidades humanas, pedagógicas y
profesionales que le permitan entender la cultura profesional.
Cuando hablamos de desarrollo
profesional de la docencia en el marco de una nueva “cultura profesional”,
estamos integrando los procesos de mejora de los conocimientos con un conjunto de habilidades y
actitudes de constante aprendizaje por parte de los docentes, en relación con
la institución educativa.
Si decimos que la profesión
docente es un proceso dinámico de profesionalización constante, debemos considerar
el dominio del conocimiento, la concepción ética, la empatía comunicacional, la
autoestima, el análisis crítico y reflexivo en acción, las dudas, las
confrontaciones, las divergencias, la creatividad, como aspectos de esa nueva
cultura profesional que hemos mencionado y, por lo tanto, del desarrollo
profesional.
La formación inicial del
docente debería ser el primer paso hacia la cultura profesional proporcionando
un bagaje sólido de conocimientos y generando una actitud que conduzca a
valorar la necesidad de una actualización y perfeccionamiento permanentes en
función de las transformaciones que se vayan produciendo. Esta
reconceptualización del profesorado
implica introducir desde la
formación inicial una metodología caracterizada por la investigación-acción,
que vincule constantemente la teoría y la práctica. En definitiva, para la
transformación del sistema educativo en nuestro país y para el incremento de la
calidad educativa de las escuelas, una de las condiciones necesarias es lograr
un nivel de mayor profesionalización en la función docente.
Jorge Ratto, destacado docente
argentino, concluye en “La formación docente en debate”, con los siguientes
aspectos vinculados con la formación docente para una nueva cultura
profesional:
v Comprensión, desarrollo,
interiorización y aplicación congruente del ideario y del proyecto educativo
institucional.
v Aumento de las competencias
académicas y calidad en la realización de las tareas específicas o propias del
docente.
v Profundización y actualización
de conocimientos en materia científica y pedagógica.
v Conocimiento de técnicas de
conducción, habilidad y responsabilidad para su utilización en el marco de la
autonomía de gestión.
v Superación personal y dominio
de situaciones, que implica tener cultura general y objetivos de desarrollo
personal.
v El docente debe asumir el
papel de investigador de su propia práctica profesional, con una orientación
reflexiva y crítica sobre su propia práctica.
v El trabajo en equipo para el
desarrollo integral de la institución educativa.
v Facilitar la discusión de
temas, analizando situaciones pedagógicas que lo lleven a plantear, clarificar
y precisar conceptos, estimulando la capacidad de análisis y de crítica.
Para estas propuestas sería necesario disponer de suficientes
periodos de tiempo para el análisis crítico y la reflexión en equipo de la
propia práctica docente, la planificación en común, el desarrollo de prácticas
solidarias en el aula y en la investigación, la toma de decisiones.
Finalmente, en este momento de reflexión, tal vez sea oportuno
repensar en la tarea de los docentes como profesionales responsables de la
formación de personas libres y solidarias, con un sentido más profundo de la
justicia, del trabajo y de la dignidad humana. ¡El reto está en nuestras manos!.
EUREKA 2013
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
IMBERNÓN, FRANCISCO (2002). La formación y el
desarrollo profesional del profesorado. Hacia una nueva cultura profesional.
Barcelona. GRAÓ
MARCO DEL BUEN DESEMPEÑO DOCENTE. Ministerio
de Educación – Perú. Resolución Ministerial No.
0547-2012-ED. Lima Perú.
RATTO,
JORGE A. (2009). La formación docente en debate. Buenos Aires – Argentina.
GONZÁLEZ,
M.T. (1997). «La evolución del liderazgo en la Organización Escolar». En MEDINA,
A. (coord.). El liderazgo en educación. Madrid.
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J.M. (1997). «El equipo directivo como dinamizador pedagógico de una escuela
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MARCELO,
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PPU.
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