jueves, 24 de octubre de 2013

E N S A Y O: CULTURA PROFESIONAL


CULTURA PROFESIONAL

Este curso de complementación académica, para poder optar el grado de Doctor en Educación en la Escuela de Posgrado de la Universidad Católica de Santa María, nos ha llevado a reflexionar diferentes aspectos académicos, sobre el rol de la universidad dentro del contexto actual, sobre el desarrollo humano, sobre la ética y la moral entre otros temas sumamente importantes. Nuestra sociedad actual, requiere que las profesiones se resitúen en un ámbito de la modernidad, que vayan al ritmo de los cambios sociales, económicos, tecnológicos, políticos, etc.

Las profesiones, según el Marco del Buen Desempeño Docente 2012,  son prácticas sociales que se configuran a partir de necesidades específicas de una sociedad en un determinado momento histórico. Cumplen una función social y poseen un saber específico sobre el que sus practicantes tienen dominio. La importancia y prestigio de las profesiones y sus practicantes están sujetos a las demandas y expectativas de los procesos sociales y culturales que los contextúan.

De ahí que las profesiones cambien en sus sentidos, su tecnología y su valor por efecto de los procesos económicos, sociales y culturales que les demandan adecuaciones, pero también por la misma actuación de sus propios practicantes en una comunidad profesional.

Dada mi formación académica, quiero referirme específicamente a la cultura profesional docente. En materia de balance, la práctica de la docencia ha estado sujeta a un modelo de escuela que promovía una relación acrítica con el conocimiento, propiciando una actitud y un pensamiento dogmáticos. Una escuela en la que predominaba una cultura autoritaria sustentada en el ejercicio de la violencia y de la obediencia, es decir, una disciplina heterónoma. Una escuela ajena al mundo cultural de sus estudiantes y de las comunidades en las que estaba inserta. La educación actual requiere analizar el papel del profesor para reconocerlo como un profesional, pero no en el sentido que le otorga “la sociología crítica”, sino uno que asume una cultura profesional que le lleva a ser dinámico y deja de lado ese papel conformista, antihistórico, descontextualizado y poco crítico por el que se le reconoce desde hace muchos años.

No se trata de reconocer al profesional como tal por el simple hecho de utilizar medios y recursos que le lleven a tecnificar los procesos de intervención, esto implica un cambio de forma pero no de fondo, lo que finalmente lleva a burocratizar la enseñanza y a crear una especie de élite, la cual no se ocupa de buscar la mejora del aprendizaje, sino de dar mayor valor al trabajo intelectual que al manual.

Se hace necesario saber que el concepto de profesión es de carácter ideológico surgido de una cultura social autoritaria y que varía respecto al contexto en que se utiliza. Lo profesional, por lo tanto está descontextualizado porque depende de la sociedad en la que se inserta, especialmente la función docente, a la que se le designa como: ocupación, vocación, organización, formación, orientación y autonomía.

Esta clasificación implica formación permanente por lo que un docente no es un técnico, ya que requiere desarrollar sus cualidades humanas, pedagógicas y profesionales que le permitan entender la cultura profesional.

Cuando hablamos de desarrollo profesional de la docencia en el marco de una nueva “cultura profesional”, estamos integrando los procesos de mejora de los  conocimientos con un conjunto de habilidades y actitudes de constante aprendizaje por parte de los docentes, en relación con la institución educativa.

Si decimos que la profesión docente es un proceso dinámico de profesionalización constante, debemos considerar el dominio del conocimiento, la concepción ética, la empatía comunicacional, la autoestima, el análisis crítico y reflexivo en acción, las dudas, las confrontaciones, las divergencias, la creatividad, como aspectos de esa nueva cultura profesional que hemos mencionado y, por lo tanto, del desarrollo profesional.

La formación inicial del docente debería ser el primer paso hacia la cultura profesional proporcionando un bagaje sólido de conocimientos y generando una actitud que conduzca a valorar la necesidad de una actualización y perfeccionamiento permanentes en función de las transformaciones que se vayan produciendo. Esta reconceptualización del profesorado  implica introducir desde  la formación inicial una metodología caracterizada por la investigación-acción, que vincule constantemente la teoría y la práctica. En definitiva, para la transformación del sistema educativo en nuestro país y para el incremento de la calidad educativa de las escuelas, una de las condiciones necesarias es lograr un nivel de mayor profesionalización en la función docente.

Jorge Ratto, destacado docente argentino, concluye en “La formación docente en debate”, con los siguientes aspectos vinculados con la formación docente para una nueva cultura profesional:

v  Comprensión, desarrollo, interiorización y aplicación congruente del ideario y del proyecto educativo institucional.

v  Aumento de las competencias académicas y calidad en la realización de las tareas específicas o propias del docente.

v  Profundización y actualización de conocimientos en materia científica y pedagógica.

v  Conocimiento de técnicas de conducción, habilidad y responsabilidad para su utilización en el marco de la autonomía de gestión.

v  Superación personal y dominio de situaciones, que implica tener cultura general y objetivos de desarrollo personal.

v  El docente debe asumir el papel de investigador de su propia práctica profesional, con una orientación reflexiva y crítica sobre su propia práctica.

v  El trabajo en equipo para el desarrollo integral de la institución educativa.

v  Facilitar la discusión de temas, analizando situaciones pedagógicas que lo lleven a plantear, clarificar y precisar conceptos, estimulando la capacidad de análisis y de crítica.

       Para estas propuestas sería necesario disponer de suficientes periodos de tiempo para el análisis crítico y la reflexión en equipo de la propia práctica docente, la planificación en común, el desarrollo de prácticas solidarias en el aula y en la investigación, la toma de decisiones.

       Finalmente, en este momento de reflexión, tal vez sea oportuno repensar en la tarea de los docentes como profesionales responsables de la formación de personas libres y solidarias, con un sentido más profundo de la justicia, del trabajo y de la dignidad humana. ¡El reto está en nuestras manos!.



EUREKA 2013
 
 
 
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

IMBERNÓN, FRANCISCO (2002). La formación y el desarrollo profesional del profesorado. Hacia una nueva cultura profesional. Barcelona. GRAÓ

MARCO DEL BUEN DESEMPEÑO DOCENTE. Ministerio de Educación – Perú. Resolución Ministerial No. 0547-2012-ED. Lima Perú.

RATTO, JORGE A. (2009). La formación docente en debate. Buenos Aires – Argentina.

GONZÁLEZ, M.T. (1997). «La evolución del liderazgo en la Organización Escolar». En MEDINA, A. (coord.). El liderazgo en educación. Madrid.

 

ESCUDERO, J.M. (1997). «El equipo directivo como dinamizador pedagógico de una escuela cooperativa». En MEDINA, A. (coord.). El liderazgo en educación. Madrid.

 

MARCELO, C. (1995a). Formación del profesorado para el cambio educativo. Barcelona: PPU.
 
 
 

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